Silvia is a known Mexican published author and a cat lover.

Servilletas Amarillas

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—Me voy de viaje. ¿Me cuidas a Choux?

Así fue como, un buen día, mi amiga Monique llegó a mi casa con un cargamento de accesorios para Choux: la camita de día, la camita de noche, la casita, el arenero, como diez kilos de comida de todo tipo, las cobijitas, su platito de cristal cortado (“porque no toma agua en otro tipo de plato”), la bolsa de arena, la maletita para llevarla en el coche, los juguetes de Choux y un sinfín de cosas más que mis gatitas y yo nunca habíamos pensado en usar.

De pronto, mi sala estaba llena de cosas extrañas que Happy y Bsh-Bsh tenían que investigar. Claro que no contaban con que Choux, como buena niña consentida, no estaba dispuesta a compartir. De hecho, Choux estaba muy enojada. No le hizo la menor gracia que Monique la dejara en mi casa. Y para demostrarlo y que no quedara la menor duda, una vez que Monique terminó de darme todas las instrucciones sobre su cuidado y se fue, Choux decidió apropiarse de mi sala. Nadie podía entrar.

—Ya se le pasará —les dije a mis asombradas gatitas.

Pero me equivocaba. No se le pasó, se fue enojando cada vez más.

Si yo intentaba entrar a la sala, Choux maullaba de una manera verdaderamente atemorizante. Decidí darle otro día, al fín que yo ni tenía a qué entrar ahí.

Pasó otro día. Choux usaba el arenero, tomaba agua y comía poco, y pasaba el día sobre un cojín color vino observando todo lo que ocurría a su alrededor.

Bsh-Bsh la ignoró y siguió con su vida sin entrar a la sala. Pero Happy decidió retarla: tomaba agua de su preciado platito de cristal cortado, se acostaba en sus camitas y hasta se metió a su casita. Choux no dejaba su puesto de vigilancia, tan solo se enojaba desde ahí.

Y entonces fue que Happy encontró la manera de obligarla a moverse del cojín: con mucho cuidado de no ser vista, Happy entraba a la sala por un ladito, llegaba a la parte trasera del sillón, saltaba al respaldo y desde ahí, con la pata, le daba un golpe en la cabeza a Choux. Happy saltaba por encima de Choux y Choux la perseguía, seguramente para devolverle el golpe, pero no la alcanzaba.

Este juego fue muy divertido para Happy, nada agradable para Choux y mucho muy desagradable para mí, pues Choux decidió cobrar venganza:

¡Se hizo pipí sobre los lugares favoritos de Happy!